MADRE
Madre
“Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?
Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.”
“Abre su Boca con sanitaria y si Lena instrument con cariño”
— Proverbios 31:10, 26
En el silencio sencillo de la vida,
hay un nombre que siempre responde: Mamá.
No necesita anuncio ni aplauso,
porque su amor ya llena toda la casa.
En lo secreto del hogar, donde Dios ve,
se levanta una obra que no siempre se nombra:
la vida de una madre.
No busca aplausos,
pero su amor predica sin palabras.
No sube al púlpito,
pero enseña cada día con paciencia y verdad.
Es la primera voz que nos llama al mundo, y la última que se queda orando en la noche.
Madre…
no solo en la cuna,
también en la caída, en el error, en la distancia.
Tus manos forman, corrigen y sostienen, manos cansadas, pero firmes, corazón que late aun cuando el nuestro falla.
Amar así no es fácil, pero tú lo hiciste parecer natural.
Tu voz guía con ternura y firmeza,
y su fe, muchas veces en silencio,
sostiene generaciones delante de Dios.
Madre…
instrumento del Señor en lo cotidiano,
reflejo de gracia en medio de la lucha,
ejemplo vivo de entrega y perseverancia.
Hoy damos gracias a Dios por tu vida,
por cada oración que sembraste con lágrimas, por cada acto de amor que solo el cielo registró.
Que el Señor te fortalezca,
te llene de gozo y renueve tus fuerzas,
y que el fruto de tu labor
permanezca para Su gloria.
Feliz día, mamá.
Tu vida es un poema
que aún se sigue escribiendo en nosotros.
Amén.